El placer de la lectura

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Un mundo abierto a la imaginación

jueves, 4 de junio de 2015

El pingüino que quiso volar
 
Cuento realizado en el taller de la casa del lector.
 
Era un día frio, más bien gélido, y Martín, el pingüino decidió salir a pescar.

Al salir de su casa se encontró con el oso polar Don Gigante, que no paraba de tirarle bolas de nieve, cada vez mayores, incluso a veces eran témpanos de hielo, para que no le quitara sus peces.
 
Le costó lo suyo alejarse de Don Gigante, pero por fin le dio esquinazo y tomó una gran decisión. Se iría a un lugar donde no tuviera que pelear por la comida. Caminó y caminó, a saltitos, como andan los pingüinos y poco apoco fue dejando a tras la nieve y el hielo.

En su travesía se topó con focas, lobos marinos, gaviotas, en fin, con un montón de especies que unas veces la ayudaban y otras no.

Un día se encontró con un Albatros, un ave blanca enorme con un pico naranja y una motita amarilla en el ojo. Era un ave mágica, que le dijo que podía volar, que su especie eran aves, pero que tendría que entrenar mucho y muy duramente. Durante un tiempo Martín, se quedó con el Albatros aprendiendo a volar. Y llegó el día deseado. ¡Ya sabía volar! El Albatros le dio un fuerte empujón y Martín salió volando, volando, volando y volando llegó a Madagascar. Una tierra con playas de arena blanca y clara, palmeras, flores y olores de todo tipo y muy distinto a su país.

Se revolcó en la arena disfrutando la sensación del sol y la arena, cuando de repente a lo lejos vio llegar a un grupo de pájaros picudos y lleno de colores.
 
 

¡Hola! Somos los tucanes, dueños de estas tierras y te damos la bien venida.













Y allí cambió, incluso de aspecto y fue muy feliz.
 

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